A Partir de la Música de Cámara

Notas al programa de Conciertos de Primavera Año I, Nº 8

30 May, 2008 Enviado por: jcoello | [Enviar entrada por email]
» Salón Circo de Artesanos - Domingo 1 de junio de 2008 - 12:30 horas
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Mª Dolores García García, clarinete
Carme Tubío Barreira, violoncello
Federico Mosquera Martínez, piano

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L. van BEETHOVEN, Trío en Mi bemol mayor, op. 38, versión del Septeto para vientos y cuerdas, en mi bemol mayor (op. 20)

I. Adagio. Allegro con brio (10:36) - Trío Dante

La obra original, dedicada a la emperatriz María Teresa, está escrita para tres instrumentos de viento (clarinete, fagot, trompa) y cuatro de cuerda (violín, viola, violonchelo y contrabajo). Desde su aparición, el Septeto obtuvo un gran éxito. De esta cálida acogida es testimonio, entre otros, la opinión del Allgemeine Musikalische Zeitung. «Un septeto escrito con mucho gusto e imaginación». Tal entusiasmo acabó por exasperar al compositor quien, más tarde, declararía: «Hay en él mucha imaginación, pero poco arte... En aquella época yo no sabía componer, y ahora creo que sí sé». Esbozado en 1799 (al mismo tiempo que el Cuarteto nº 2), la partitura fue terminada en 1800. El compositor la dio a conocer en un concierto público, en el National Hoftheater de Viena, a la vez que la Sinfonía nº 1. Todo parece indicar que la obra ya había sido interpretada en privado, en casa del príncipe de Schwarzenberg. Fue publicada en 1802, por Hofmeister y Kühnel, en Leipzig (en aquel momento, y sin duda por error, como op. 21). También en 1802, Beethoven realizó una transcripción para trío que dedicó al doctor Schmidt, la cual escucharemos en este concierto.
La obra adopta la forma antigua del divertimento o la serenata, en seis movimientos, de la que evoca tanto el espíritu como la libertad de realización, mostrándose, a fin de cuentas, muy próximo al estilo de Mozart y Haydn.

  • F.-R. Tranchefort
    Guía de la música de cámara, pp. 169, 170
    Dirigida por Françoix-René Tranchefort
    Alianza Diccionarios
    Madrid 1995

  • J. BRAHMS, Trío para clarinete, violoncello y piano, en la menor, op. 114

    I. Allegro (7:49) - Karl Leister, clarinete, Wolfgang Boettcher, violoncello, Ferenc Bognár, piano


    En el otoño de su vida, Brahms se encuentra con un músico excepcional, el clarinetista de la Orquesta de Meiningen, Richard Mühlfeld. Bajo el efecto de ese encuentro serán compuestas cuatro partituras que incluyen al instrumento sacando el jugo de todas sus cualidades de timbre y de todos sus matices expresivos, cuatro partituras que figuran entre las más acabadas del género (el repertorio del clarinete) y de toda la obra brahmsiana.
    Se ha considerado a este Trío op. 114 como un estudio previo al Quinteto op. 115 del que es estrictamente contemporáneo (verano de 1891, en Bad Ischl). Basada la unanimidad en la perfección de éste, el malhadado Trío no obtiene más que una consideración muy menor, aunque esto no concuerde con las condiciones del estreno (Brahms al piano, Richard Mühlfeld al clarinete y Hausmann al violoncello, 24 de noviembre de 1891, en Meiningen), ni con la respuesta del público berlinés tras la première oficial el 12 de diciembre siguiente (y tras un ensayo general, el día 10 ya triunfal). Es cierto que el propio compositor, por su parte, contribuyó a relegar la obra a la sombra, especialmente al declarar que ella era "la gemela de una majadería aún mayor" (el Quinteto op. 115, evidentemente). Una boutade. Pero una evidencia queda: el equilibrio sonoro -y consecuentemente el acabado musical- se revela más difícil de realizar entre clarinete, violoncello y piano (timbres heterogéneos, capacidades expresivas no identificables entre sí, por no hablar de los modos distintos de producción del sonido) que entre este instrumento de viento y el cuarteto de cuerdas. Asimismo, desde el principio de la ejecución se constata la llamativa disparidad de los registros, quedando el piano solo para cubrir las exigencias individuales de los otros dos. Así pues, ¿menos excepcional, menos logrado el Trío que el Quinteto? Sin duda, es de una inspiración más contenida (aunque dando cabida, en algunos momentos, a grandes estallidos de pasión y a la manifestación de sombríos latidos); pero es igualmente rico en hallazgos que se revelan al análisis detallado. En sus cuatro movimientos, más condesados que los del Quinteto, el Trío muestra un notable trabajo de elaboración. En caso necesario, puede ser interpretado por una viola en lugar del clarinete (versión prevista por Brahms en favor de otro instrumento que le era caro y que posee una tesitura similar a la del instrumento de viento).

  • F.-R. Tranchefort
    Guía de la música de cámara, pp. 286-288
    Dirigida por Françoix-René Tranchefort
    Alianza Dicionarios
    Madrid 1995


  • Enlaces relacionados:
    » Ciclo de Conciertos de Primavera – Año I, Nº 8
    » L. van BEETHOVEN: Septimino o Septeto para vientos y cuerdas, en mi bemol mayor (op. 20)
    » J. BRAHMS: “Trío para clarinete, violoncello y piano, en la menor, op. 114″


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